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DEPORTES

La voluntad y los sueños, el camino del éxito deportivo

Raúl Garcia Castán
Raúl Garcia Castán durante una carrera.
Actualizado 03/02/2018 14:32:31
Sergio Ruíz

En su trayectoria como corredor de montaña, Raúl García Castán ha ganado un campeonato de Europa, seis campeonatos de España y dos subcampeonatos mundiales, y ha formado parte en varias ocasiones de la selección española. Comenzó a entrenar en el año 2003, en el maravilloso entorno natural de La Granja, su pueblo, rodeado de montañas por tres de sus cuatro partes. La sierra del Guadarrama fue, pues, su tablero de juego, que fue ampliando después a medida que se especializaba en este deporte y empezaba a competir en carreras modestas y cercanas primero, y en las más prestigiosas carreras en diferentes montañas de España y Europa, después

¿Tras sus grandes éxitos deportivos, qué valoración saca de su carrera como deportista de élite?

Cuando alguien tiene la inmensa suerte de conseguir sus sueños, puede y debe considerarse muy afortunado. Yo soñé, como algo inalcanzable, con ser campeón de España. Así que cuando lo conseguí, fue para mí como una revelación. Aparte, el chute inmediato de alegría y felicidad inherente a toda gran victoria, la lectura racional que extraje de conseguir algo que había soñado como un imposible. Fue la de que, a veces, el universo no es ese caos indomable que nos zarandea como marionetas, y que, con tesón, voluntad y mucho trabajo, puedes doblegar momentáneamente esa cosa llamada destino, hasta conducirlo a la meta que has elegido.

¿En qué momento de su carrera se encuentra en la actualidad?

Hace ya varios años que las lesiones primero, la edad y la desmotivación después, me hicieron bajar varios escalones en cuanto a calidad deportiva. Mi último año de plenitud deportiva fue 2010. Todos los proyectos y actividades que los seres humanos emprendemos en la vida, no son sino una metáfora de la vida misma, y la práctica deportiva profesional no es una excepción; hay una primera fase de desarrollo en la que te enriqueces, aprendes, sueñas… Luego viene la fase de madurez, donde, a la par que sigues progresando, despliegas toda la sabiduría y/o la pericia que has sido capaz de acumular hasta ese momento, y hay una última fase, que es en la que estoy ahora, en la que el propio discurrir de la vida, con todo lo que eso conlleva en cuanto a desgaste físico y espiritual, te conduce inexorablemente a bajar el rendimiento y la magnitud de los objetivos a conseguir.

¿Cuál ha sido el mejor momento de su carrera deportiva?

Si tuviera que elegir uno, elegiría dos: mi primer campeonato de España y mi campeonato de Europa.

¿Cuántas carreras afronta un deportista de su especialidad al año?

Eso varía mucho en función de la distancia en la que esté uno especializado, de los compromisos con los sponsors e incluso de la voluntad propia. Cuando yo estaba en lo más alto de mi carrera llegue a hacer temporadas de 25 carreras y ganar 23, por ejemplo, y eso teniendo en cuenta que nuestra actividad competitiva se concentra en los meses cálidos del año, es decir, que en invierno puedes correr una carrera al mes hasta abril o mayo y el resto, es decir el grueso de la competición pura y dura, en los meses siguientes hasta octubre. Pero como digo esto es algo muy personal de cada atleta en función de sus circunstancias personales.

¿Cómo ha marcado las lesiones a la persona y al deportista?

Si los caminos del señor son inescrutables, los caminos del dolor no lo son menos. A mí, una de mis lesiones más graves –la rotura total del tendón tibial posterior- me condujo a escribir mi primer libro, nada menos. Era algo que tenía en mente desde hacía mucho tiempo, pues llevaba años colaborando como escritor de artículos y textos varios en diversas publicaciones, pero el vacío provocado por la abrupta interrupción de mi actividad deportiva, fue como el “clic” que me condujo a empuñar al fin la pluma, metafóricamente hablando, y ponerme manos a la obra. Como no podía correr con las piernas, decidí correr con la cabeza. Correr es un deporte en el que se corre con la cabeza más que con los pies, contrariamente a lo que la gente piensa. Con la fuerza de la voluntad puedes modificar los músculos, pero con la fuerza de los músculos no puedes modificar la voluntad.

¿Orientas, enseñas tus experiencias o entrenas a jóvenes deportistas?

Lo he hecho en algunas etapas de mi carrera deportiva, pero reconozco que no tengo una gran vocación docente: me falta paciencia y me sobra impetuosidad.

¿Cómo compatibilizas tu perfil de deportista con tu vida privada y profesional?

Durante los años en los que estaba arriba, mi deporte era mi trabajo, al menos en cuanto a dedicación, ilusión y concentración, y mi actividad laboral convencional era algo secundario. Desgraciadamente, en este país solo se puede vivir de ciertos deportes, mientras que con otros a lo más que puedes aspirar es a alimentar el palmarés, y con él tu prestigio y supongo que tu ego, pero eso en el puchero rinde poco, que no se come. Decía Larra que escribir en España es llorar. Podría decirse algo parecido de la práctica profesional de todos los deportes que no son futbol, tenis, Formula uno y alguno más.

¿Cuáles son aficiones fuera del deporte?

Tengo una gran afición a no tener aficiones, sino más bien pasiones: la literatura, la música y a bastante distancia el deporte son esas pasiones que llenan y hacen habitable mi vida.

¿Qué esperas del futuro a nivel deportivo?

Ya no espero nada. Yo le di todo a mi deporte y mi deporte me lo dio casi todo a mí, Nos hemos tratado bien mutuamente y ahora somos como viejos camaradas que se lamen las heridas mientras recuerdan la historia que hay detrás de cada cicatriz.

¿Se apoya de forma suficiente a su especialidad desde las instituciones u organismos privados?

No, muy poco. Como apunté antes, en este país se establece la valía de los deportes en función del rendimiento económico y mediático que arrojan. Eso es un grave error, a la par que una flagrante injusticia de la que los periodistas, por cierto, tienen su gran parte de culpa. La prensa deportiva aduce que ellos dan lo que el público pide, pero por otra parte son ellos los que tendrían la obligación de arrojar luz sobre la belleza de otros deportes, y al no hacerlo, son ellos mismos quienes “fabrican” un mediocre aficionado deportivo. Es un círculo vicioso. Lo que tengo muy claro es que por mucho que un deportista acapare portadas y minutos en el telediario (donde se da prioridad a los aspectos más superficiales de esos deportistas en detrimento de los logros más importantes de otros) o por muchos millones que abulten su cuenta corriente, ese deportista idolatrado no es más importante que el oscuro deportista que, aun siendo desconocido por el gran público, consigue ser el mejor en su disciplina deportiva, por oscura y desconocida que esta sea.

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